Esta obra representa la fractura del ideal renacentista. El David, símbolo del hombre perfecto.
La pieza propone una reflexión sobre la fragilidad de esos ideales clásicos, cuestionando su vigencia y mostrando cómo incluso lo más sólido puede ceder. Ahora se representa como una figura más humana: vulnerable y fragmentada.
Las grandes victorias dejan cicatrices, y su cuerpo ahora es testigo de la historia.